El caso es que lo que viene por venir tampoco es mucho mejor. Lo que uno no ha vivido no forma parte de tu vida. Uno no es la asignatura que todavía no ha aprobado ni la mujer que aún no ha conquistado. Podría decirse, como mucho, que sólo son reales lo sueños de conseguir esas aspiraciones. Pero los sueños, ya fue dicho en verso, no son más que eso.
Dicho todo esto, despedazado pasado y presente, sólo nos queda este momento presente. Pero la "p" que acabo de escribir cuando dije "Pero..." dejó de existir en el momento de ser escrita. O sea, que todo aquello que decimos o hacemos no dura más que su momento de expresión o acción. Pasado ese momento incuantificable pasan a engrosar la ominosa mochila del pasado.
Claro que si el pasado es un lastre, el futuro inexistente y el presente tan efímero, ¿qué nos queda? ...
...nos queda el pasado, el presente y el futuro, reales o no, nos quedan tus manos blancas y la noche aún más blanca cuando la miras. Nos queda todo aquello que soñamos y todo lo que hemos vivido. Y, sobre todo, nos queda el presente, efímero, efiimerísismo, nos queda todo y tanto. Nos queda el quedar, el pudiendo, el teniendo y el siendo. Nos queda un gerundio tan real que, a veces, silenciado el áspero dolor de la filosofía, te devuelve a la vida.
PD.- Las vacaciones se llaman ahora

